domingo, 27 de noviembre de 2016

"La carne" de Rosa Montero


Esta es una edición especial de la sección Alalimón, ya que voy a hablar de la novela "La carne", de Rosa Montero, y no de ninguna película como acostumbro en esta sección.

La reseña de la novela la hará mi compañera Kirke que sí ha leído la novela (yo aún no). Aquí tenéis su post.

¿Y qué haré yo? Como tuve el inmenso placer de escuchar a la propia Rosa Montero en la presentación de su novela en una interesantísima charla que ofreció y a la que asistí, trasladaré aquí todo lo que dijo, tanto sobre su obra, como sobre otros temas como la vida, el amor, los sueños, la juventud, la vejez y la muerte, ya que todas las frases que pronunció son dignas de ser recopiladas.
Tiene, pues, sentido que hagamos este Alalimón, para poder compartir todo con vosotros, centrándome yo en esas otras cuestiones (muchas de ellas personales de la propia autora) que rodearon a la presentación del libro.


Para empezar diré que me pareció una mujer fascinante, con mucha labia, enorme poder de convicción, un rico lenguaje y muy buen humor. 

Ella comenzó plantéandose "si la vida no ha sido un fracaso total". Me parece tan fuerte esta afirmación que, ahora que han pasado días de la charla, dudo si hablaba en primera persona o se refería a la protagonista de su novela de la que luego hablaré.
Inmediatamente hizo referencia a que, al final de la novela pide al lector que no vaya contando "de qué va", ya que tiene un componente muy fuerte de inquietud y suspense y considera fundamental no "destriparlo". 
Hizo hincapié en que ya existe una 'convención' sobre esta cuestión, la de no desvelar más de lo necesario de una obra literaria, y que, por lo que escucha en los círculos en que se mueve, le congratula que, en general, se esté respetando. La verdad es que esto es digno de tener en consideración.

Ella, Rosa, define al cerebro como un "afanoso tejedor de incertidumbres" y dice que esta novela intenta mimetizar esto. 
Teniendo en sus manos la novela, se afanó por leer esta frase de la misma: "la vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias, lo que no has vivido y lo que no vas a poder vivir".
Y, en consonancia con ello, afirma que para ella la melancolía "es la percepción de la belleza con el conocimiento de que va a acabar. Porque el tiempo existe, la belleza es triste; es ese temblor de vivir las cosas y saber que desaparecerán". 
A mí, en particular, este pensamiento me parece extraordinario.

Contó c
ómo surgió el título "La carne". Veréis: a ella se le suele ocurrir cómo titular a sus creaciones cuando lleva un tercio de las mismas. En el caso que nos ocupa le pareció tan sugerente el título que no creía posible que nadie lo hubiera utilizado antes, pues lo considera  "necesario, sencillo y elemental". Con mucha gracia, dijo que se lo calló para que no se lo "robaran". 

A propósito de la carne, habló con vehemencia de "esa carne que nos aprisiona, que envejece, que mata, que roza la gloria a través del deseo y el sexo". Es fantástico porque, según ella, es la carne que nos hace sentir eternos en los momentos en que nos ataca la pasión. "Es la maravillosa carne animal que hace que nos sintamos vivos cuando vemos un rayito de sol", añadió.

Continuó diciendo que todos venimos al mundo con un YO ENORME E INMENSO, llenos de deseos y que en dos parpadeos pasa media vida, y en dos parpadeos morimos, y en dos más muere la siguiente generación. Es como una burla de la vida. Citó a Nietzsche al decir esta frase: "el amor es un señuelo de la especie"
El ser humano olvida que es mortal y se olvida de esa condena a muerte que tiene.
Pero cree que a los novelistas les es más difícil olvidar el paso del tiempo. Ella misma, con diez años, recuerda que se decía:
"Mira, Rosita, qué tarde tan bonita. ¡Disfrútala porque luego corriendo corriendo estarás esta noche en la cama durmiendo, corriendo corriendo estarás mañana en el colegio, corriendo corriendo se habrán muerto tus padres, corriendo corriendo te habrás muerto tú!" y exclamó: "¡Con diez años me decía eso!” .
Eso le ha hecho ser consciente del paso de la vida y es lo que le hace vivirla a bocados.


Cree firmemente que la realidad no es solo lo tangible, sino que los sueños también lo son y que las novelas son como los sueños, llegando a afirmar que cuando ella recuerda algo, no sabe muy bien si lo ha vivido, soñado, imaginado o escrito.

También hab
ló de la crisis de los 40 en las mujeres, de que las mujeres seguimos siendo machistas y de la presión que sufrimos por ser madres. Al respecto contó como anécdota que, en una mesa redonda con 4 mujeres científicas de la Universidad de Navarra, una de ellas habló de lo complicado que era ser madre y científica y que el día que dejó a su hijo en la guardería se fue llorando...¡pero de alegría!
Y confesó que, en cualquier acto social, ante la pregunta de si (ella o cualquier otra mujer) tiene hijos, parece que el mundo se detenga y se haga el silencio a la espera de una explicación o justificación, y que no le gusta nada ese estereotipo. Ni a mí.

Centrándose un poquito ya en la novela, presenta a su protagonista, Soledad Alegre y, a propósito de ella, habla de cómo convertir la vida en un disparate, del miedo a perderse en la vida y de que el sentido del humor resulta consolador. 
Un dato curioso es que averiguó que un gigoló cobra 600 € por 5 horas, y es que en la novela aparece uno junto a Soledad, a quien definió como una misógina porque cree que todas las mujeres son más felices que ella que se siente en el borde de la exclusión social. 

En este punto, ante la pregunta del entrevistador sobre si está sobrevalorada la juventud, respondió que sí, "pero de manera muy rara. Está sobrevalorada la apariencia de juventud", y cree que a los jóvenes no se les cede el paso fácilmente. "Cuando somos jóvenes venimos al mundo con años, un capital que vamos perdiendo cada día. Yo no añoro el futuro, ni ser la que fui. Añoro tener los años, el capital para gastar de la juventud”.

Afirma rotundamente que en el amor nunca se aprende ("siempre se vuelve a la casilla de salida"), y que nos volvemos niños en el despecho. El amor nos convierte en seres patéticos, dijo, y en este punto hizo un inciso para distinguir entre lo que llama "amor pasional", que considera un delirio, un puro invento, y el "amor real", que cree que es heroico ya que consiste en amar 'a pesar de' conocer a la persona.

Respecto a lo que en la novela llama "escritores malditos", explica que con ello se refiere a las personas que no coinciden con su entorno, con su tiempo; las que desean que se les quiera y, en cambio, provocan risa, las que no soportan la vida. 
Como la propia Soledad que, según dijo, es la antítesis de ella misma, Rosa Montero, y es aquí cuando desvela que en un capítulo aparece ella y que una amiga suya es otro de sus personajes, para luego confesar que ella se considera "bastante Peter Pan" .

En su opinión, "lo único que da sentido a la vida es el conocimiento, el arte, la belleza. Sin miedo no hay creación, es el don de los artistas". Y añadió: "no escoges las novelas que escribes: ellas te escogen a ti".

De esta forma puso punto final a la charla.
Termino yo el post diciendo que para esta excepcional mujer, escribir es clavar momentos en el tiempo (usó la metáfora de clavar una mariposa), ya que cree que éste destruye y machaca, y ella escribe para crear "un tiempo quieto".
Y quietamente es como yo considero que hay que digerir todas las profundas reflexiones que nos hizo llegar a todos los que le escuchamos sin apenas pestañear.
Se me olvidaba contar que, al terminar, me acerqué a saludarla y justo es decir que fue amabilísima conmigo, ¡gracias de nuevo por tu gesto, Rosa

Foto de la web en que se publicó la noticia

martes, 22 de noviembre de 2016

Sorpresa

 
Hoy mi blog cumple ¡¡¡4 años!!!

No tenéis ni idea de lo ansiosa que estaba por compartir con vosotros este post. Como muchos sabéis, siempre lo he celebrado, incluso cuando nadie me leía (por cierto, aquí tenéis los enlaces a los pasados cumpleblog: primerosegundotercero), y esta vez no iba a ser diferente.

Este cuarto año ha sido especial porque considero que mi blog y yo hemos "crecido" en algunos aspectos (y no estoy hablando de número de seguidores ni de visitas; no, no hablo de números).
 

Por una parte, han crecido mis ganas de estar aquí contando algunas de las películas que veo (son muchas, pero de todas no me da el tiempo para hacer reseña), reseñando los libros que leo (son pocos, pero me propongo que sean más), haciendo la sección Alalimón con Kirke (es de las cosas más divertidas), publicando los premios que tan generosamente me habéis concedido (ya sin modestia alguna), relatando las cosas que me pasan (unas veces en plan jocoso, otras en plan "desahogo") y, desde hace relativamente poco, escribiendo también las historias que me invento o sueño, ya que he perdido completamente el 'miedo escénico' a escribir ficción (¡si hasta me presenté a un concurso recientemente!) y también he escrito algunos poemitas.

Por otra parte, además de haberse ampliado con vosotros mi 'círculo de amistades', considero que todos y cada uno sóis una pieza fundamental en el puzzle que constituye mi blog. 
Crece lo que de vosotros aprendo cada día puesto que me aportáis mucho sin saberlo, y de todos podría comentar alguna cosa más allá de lo puramente virtual sin temor a equivocarme.
A algunos os he podido conocer en persona y la experiencia ha sido de las más gratificantes de este 2016 al que ya le queda poca vida, y doy gracias (más a menudo de lo que podéis pensar) por esas amistades que ya forman parte de mi 'realidad' más cotidiana.
También por esas otras que se van reforzando, visita tras visita, ya que todos los comentarios cargados de cariño acrecentan de forma exponencial mi ilusión por conocerles algún día.
Y por último, ¿cómo no voy a estar agradecida a esos Anónimos que me leen y me comentan en persona?. Es literalmente imposible.
Os puedo asegurar que, cada vez que veo (o escucho) algo de cualquiera de vosotros, dentro o fuera de mi blog, doy brincos
Por todo ello, como regalo, en este aniversario me he decidido a 'montar' ese puzzle, sin ningún orden lógico pero sí conjugando mi debilidad por las 'iniciales' con algún dibujo que tenga relación con vuestro nombre o con el título o cabecera del respectivo blog o con alguna afición que me conste, y éste ha sido el resultado:


Os lo amplío por partes para que lo veáis mejor y, llegado el caso, os lo explico:

 










Creédme, ha sido un entretenimiento sin igual poder encajar todas las piezas, pero más grato y enriquecedor me ha resultado haber estado a vuestro lado compartiendo con vosotros tantas cosas

martes, 15 de noviembre de 2016

La culpa (2ª parte)



Siguiendo con la segunda sesión de la charla-coloquio de Laura Rojas-Marcos sobre la culpa, a raíz de su libro "El sentimiento de culpa" (en este post, podéis leer la primera), diré que:

-Tangencialmente habló del sexo, que considera que es fuente de culpa también. No cree que siempre vaya vinculado a la religión, porque entonces sería fácil echar a ésta la culpa. Las más de las veces la culpa en este campo va ligada a valores morales o éticos.
Puso el ejemplo de parejas que llevan más de veinte años juntas y se ruborizan cuando se les pregunta por el tema pues hay un componente de vergüenza, que ella, Laura, observa más en las mujeres que en los hombres.
La experta aconseja tratar de erradicar culpas, ya que no tienen ningún sentido; siempre, claro está, que el sexo sea sano y respetuoso.

-Reflexionó sobre el amor. Hay muchos tipos de amor, dijo, y le gusta categorizarlo como "positivo y constructivo". 
"Amor es aquéllo que acaricia nuestras debilidades", sentenció, en contraposición al amor perverso, que considera un falso amor (por ejemplo, en los supuestos de acoso) y del que hay que huir.
Además, cree que el mundo está lleno de personas encantadoras pero manipuladoras, que normalmente gozan de personalidad narcisista y que se creen con el derecho de "hacer y deshacer" sin tener en cuenta los sentimientos de la otra persona.

-Y otro punto que trató fue el del final de la vida. Cree que, muchas veces, "hay tal autoexigencia que uno pretende hasta prevenir sucesos", cosa que no es posible. 
Afirmó que la culpa forma parte del duelo (duelo por el final de una vida o por el final de alguna otra cosa) y que es en esos momentos duros cuando surgen muchas preguntas, salen temas no resueltos y aparece la tiranía de los "deberías". 
Si se cae en esta tiranía, entran en conflicto el "yo ideal" y el "yo real", por no haber cumplido las expectativas deseadas. Según ella, hay muchas personas que viven permanentemente en ella.
Contó el caso de una chica que llevaba tiempo sin hablarse con su madre (no ahondó en los motivos) y, de repente, resulta que ésta muere. Laura contó de una manera que hasta se podía sentir el agobio, que a la chica se le quedó "encallada" la muerte de su madre hasta el punto de oprimirle el pecho y no poder digerir debidamente el trance, precisamente por el tema de la culpa. 

Considera, pues, que es fundamental la educación en las emociones. Es sano hablar de lo que sentimos, eso sí, siempre buscando el momento y evitando hacerlo "sin filtro", matizó.

En este punto, el periodista que le acompañaba le preguntó: "ser feliz no puede ser tan complejo, ¿no, Laura?, y ella, sonriendo, contestó: "bueno, Alfredo, tirado no está"

Y se explayó diciendo que se pueden tomar decisiones respecto a la felicidad, como fijarse más en las cosas positivas que tiene la vida, ser realista y decidir dónde poner la energía ("mi energía", subrayó).
Opina algo que, a mí particularmente, me sorprendió y es que, según ella, si las cosas que no nos gustan de nosotros mismos nos las dijeran otros, "acabarían en la cárcel". Obviamente exageraba, pero creo que tiene su parte de razón.
En definitiva, cree que es muy importante la manera que tenemos de tratarnos a nosotros mismos porque, si es negativa, no nos dejará ser felices.

Contó en primera persona que cuando, después de un día complicado, se mete en la cama intenta pensar 5 cosas positivas que le haya deparado el día...y que, muchas veces, le cuesta encontrarlas.
Pero está convencida de que, si se acaba el día así, pensando en cosas positivas, al día siguiente uno se siente mejor. 

Es más, contó que en ocasiones va bien hacerse una pregunta antes de quedarse dormidos, ya que al día siguiente uno encuentra la respuesta. ¿Probamos?☺ En el siguiente y último post podemos retomar el tema.

“Si te ocupas de ti mismo, esto redundará en un mayor bienestar personal y con ello en un mejor trato hacia quienes cuidas”.                             Laura Rojas-Marcos



martes, 8 de noviembre de 2016

Un ángel




Hoy he visto un ángel,
un ángel de carne y hueso,
traía cierto donaire y,
al verle, le pedí un beso.
Tiene el pelo ondulado
y una risa contagiosa;
he estado a su lado
sin poder darle gran cosa.
Pero él, que no esperaba nada,
sí me ha dado su cariño
sin saber yo quién soy,
¡no hay nada como ser niño!
Todos vamos detrás de ella,
de la ansiada felicidad,
 él la tiene por compañera,
a ella y a la bondad.
Hoy he visto un ángel,
de los que son de verdad.

sábado, 5 de noviembre de 2016

La culpa (1ª parte)

Hace unos días me enteré de que la eminente psicóloga por la Universidad de Nueva York, Laura Rojas-Marcos, daba una charla-coloquio en la que hablaba sobre la culpa, a raíz de un libro que ha escrito y que titula precisamente así: "El sentimiento de culpa".

De ella, de
Laura, había oído hablar y el tema me interesaba, así que, como no podía ser de otra manera, libreta en mano (como cuando fui a ver a mi adorado Victor Manuel, ¿recordáis? aquí os dejo el post y su continuación en este otra entrada) asístí a la charla, me senté muy cerquita (en cuarta fila) y pude observar y escuchar todo lo que esta gran mujer tuvo a bien contar.

Llegó sonriente y envuelta en aplausos al pasar por el pasillo central de la sala, dirigiéndose hacia la mesa desde la que iba a hablar y ser entrevistada por un periodista que le acompañaba. Desde ese preciso momento, me cayó muy bien. La gente que sonríe, para mí ya tiene mucho ganado.


Luego, con su peculiar acento andaluz (barnizado levemente con un toque del inglés en momentos puntuales), hicieron la delicia de los asistentes.

De ella misma contó que ha vivido en muchos países y ha conocido diversas culturas, que su pasión es viajar (y no solo en plan turismo), que se considera una persona tranquila y equilibrada (como para no serlo...) y yo, por la cantidad de anécdotas personales que contó, me atrevo a decir que es muy amigable también.

Lleva más de 20 años trabajando y, según afirmó, en sus sesiones de terapia el tema de la culpa sale constantemente, ya que el 97% de la población tiene capacidad para sentirla (el 3% restante son personas con trastornos psicóticos).
Hecha esta introducción, paso a contaros lo interesante de su charla, no sin antes avisaros de que quizás lo haga en varias, digamos, sesiones (por emplear la misma jerga), ya que todo lo que allí escuché considero que merece ser compartido.

Empezó diciendo algo tan básico como que "a la culpa le sigue la disculpa", mencionando seguidamente ese proverbio árabe que dice: "Si me engañas una vez, tuya es la culpa; si me engañas dos, es mía".
Y es que, según Laura, para que se produzca el cambio emocional necesario ante cualquier conducta por la que nos sintamos culpables, hay que saber pedir perdón y la otra parte ha de saber perdonar, pero también hay que saber diferenciar entre la culpa real (cuando no se ha dicho o hecho algo que debíamos hacer, o se ha tenido un mal comportamiento o una actitud que daña) y la culpa falsa (que nos hace sentirnos responsables de algo que no nos corresponde; es la que nos montamos nosotros mismos en nuestra cabeza).

En líneas generales, nos hace sentir culpables la necesidad de sentirnos aceptados, queridos, acompañados; en definitiva, la necesidad de sentir que "tenemos un lugar en este mundo", ya que es importante "sentirnos conectados". Cuando esto no sucede, entra en juego la tristeza y algo se acaba rompiendo y produciendo rechazo, ya que si la percepción que tenemos de nosotros mismos es negativa, la que tenemos del mundo también lo es. Y, por ende, la que los demás tienen de nosotros, sin duda, también.

En todo este tema, según la experta, juegan un papel importante las expectativas y el miedo "al qué dirán", es decir, el ser esclavos de lo que piensen los demás de nosotros. 
Según ella hay personas que viven enganchadas a la opinión de los demás y no se valoran a sí mismos si no es a través de la visión de los otros (Laura lo dijo con esta expresión tan gráfica: "si la vida es una sartén, el mango lo tienen otros").
Si no tenemos claro que a todos no podemos gustar, podemos caer en la frustración; sobre todo cuando queremos que nos quieran los que nosotros queremos (aunque parezca un juego de palabras).

¿Cómo trabajar esto? pues sencillamente centrándonos en averiguar qué cosas son importantes, quiénes son importantes y sacan lo mejor de nosotros mismos, y detectando a las personas "tóxicas" que todos, en mayor o menor medida, tenemos a nuestro alrededor.

Considera que esto es lo más importante de todo: identificar a estas personas mediante un sistema de alarma interior del que todos disponemos, alejándonos de ellas en la medida de lo posible.

Expuso el caso de una amiga suya, llegando a confesar que ella (Laura) inventa cualquier excusa o mentira "blanca" para alejarse de esta amiga cuando ésta entra en bucle porque, como dijo, "una cosa es acompañar y otra hacer propio algo que no es ", y añado yo: y, a consecuencia de ello, hundirte.
Con mucha gracia añadió: "mejor darle una excusa que no un zarandeo", ya que no se puede ayudar a quien no se deja ayudar. 

Matizó que no está hablando en ningún momento de personas depresivas o deprimidas; no, no, se refiere a personas que son negativas todo el tiempo.

Las definió como "sincericidas" y, dándose Laura golpes de pecho, dijo con aire majestuoso y voz profunda (lo que provocó la risa de los asistentes), que son las que hablan "en nombre de la sinceridad" y que provocan en quienes les escuchan la necesidad de salir corriendo ya que acaban chupando la energía, haciéndoles sentir mal y hasta culpables, y éste es un sentimiento que hay que superar, porque


"La culpa corta las alas de la felicidad junto con el miedo y la depresión”.
Laura Rojas-Marcas

Y hasta aquí la primera sesión.