domingo, 30 de octubre de 2016

Flores para mamá



Aquella noche se reunieron todos los amigos para cenar en casa de Maite, que se sentía pletórica por haber logrado que Celia, gracias a su insistencia, cambiara el insomnio y llanto que le acompañaban todas las noches desde que falleció su madre (hacía menos de un año), por un montón de risas con todos ellos. 

Celia acudió a la cena sola con su coche y, otro amigo común, Román, hizo lo propio con el suyo; pero a la hora de marcharse, se quedaron rezagados hablando en la puerta de casa Maite y, cuando ya no quedaba nadie, él le preguntó a ella si la acercaba a la suya.

Como Celia, además de haber bebido unas copitas de más, bebía los vientos por Román (cosa que, por su tímido carácter, ningún amigo sabía) se hizo la olvidadiza respecto a su vehículo aparcado en una calle paralela ("Qué mas da, mañana vengo a por él y punto", pensó). Que él se ofreciera a llevarla a casa le pareció el 'momento estrella' de la noche y, no estando dispuesta a desperdiciarlo, accedió literalmente encantada.

Llegados ya a la altura del modesto apartamento en el que Celia vivía sola desde hacía varios años, Román detuvo el vehículo y ella se despidió dándole las gracias, dos besos y un "nos vemos pronto". Eran amigos y tenía esa certeza, no era solo un decir. O sí...

Mientras rebuscaba las llaves del portal en su bolso, le vino como un fogonazo un pensamiento: al día siguiente, Día de Todos los Santos, había quedado con su padre que lo llevaría al cementerio a ponerle flores a su madre. Iban a menudo, pero para él ese día era especial. Al pobre le habían retirado ya por su avanzada edad el carnet de conducir y, para determinadas cosas, dependía de ella completamente. 

Las palabras de su padre ("pero bien prontito, Celia, hija, que ya sabes cómo se pone el cementerio a medida que avanza el día") le hicieron recapacitar y, lejos de entrar en su casa y meterse en su cama, se miró los pies para comprobar que llevaba zapatos cómodos y, dando un resoplido, empezó a desandar lo que tan gustosa y, sobre todo, tan deliberadamente había recorrido en el vehículo de Román.

Sabía que, de no hacerlo así, a pesar de ser las 2.00 a.m., no iba a dormir tranquila pensando en que debía madrugar más de lo necesario en busca de su coche. Aunque era un tramo de oscura carretera, no era miedosa y necesitaba, por encima de todo, que le diera un poco el aire. 

Al rato de estar caminando por el andén izquierdo de la vía a paso ligero, de la ventanilla de un vehículo que iba en su misma dirección y que se acercó a ella,  salió una voz que le preguntaba si la acercaba a algún sitio. 

Ella, sin parar de andar, miró hacia dentro del coche y al volante vio a un chico joven al que contestó educadamente "no, gracias" (con cara y tono de "¿estás loco? no subo a tu coche ni harta del vino que bebí"), pero el conductor insistió diciendo "venga, sube; es peligroso andar sola a estas horas, se oyen tantas cosas en la tele..." (que, por su parte, equivalía a un "¿no estarás pensando que quiero ligar contigo? tranquila chica, para nada es mi intención").

A ella, que ya se le estaba haciendo largo el camino a pie y que, además, era muy confiada, escuchar esas palabras la horrorizaron y, sin pensarlo mucho, intuyó que si le hacía ese comentario es porque se trataba de una buena persona. Y subió.

Pero inmediatamente empezó a imaginar cosas raras y creyó que, efectivamente, era una locura encontrarse dentro de un vehículo con un extraño que no soltaba prenda y vete tú a saber adónde la llevaría.
El joven, por su parte, pensó que no le daría mucha conversación para evitar precisamente que ella pensara cosas raras, por lo que se limitaría a preguntarle adónde quería que la llevara. 

Y así, con estos pensamientos circulando a la par en sus respectivas cabezas, fue como llegaron a un semáforo en rojo, momento y lugar en el que Celia, en un gesto impulsivo, abrió la puerta y, soltando un apresurado "gracias" como quien pierde un tren, salió del mismo despavorida, con tan mala fortuna que en ese preciso momento fue arrollada por un vehículo que circulaba a toda velocidad y que no se detuvo, quedando tendida en el asfalto y perdiendo la vida al cabo de unos segundos ante la atónita mirada del joven que, arrodillado a su vera y completamente espeluznado, se echaba las manos a la cabeza y se preguntaba "¿quién me mandaría a mí pedirle que subiera a mi coche?".

Al día siguiente, sus amigos lloraron desconsoladamente su muerte, especialmente Maite, que no dejaba de preguntarse "¿qué debió suceder cuando se marchó de su casa con Román?".  

Román, por su parte, no daba crédito a lo sucedido ("¿cómo era posible que se fuera con un desconocido tras dejarla en su casa?").

Y su padre, que no es que sumara un vacío más a su vida, es que su vida se quedó vacía para siempre, tampoco dejaba de darle vueltas a una idea: "¿cómo era posible que su hija hubiera estado la misma noche con amigos y, luego, estuviera con un extraño?".

Celia, que era la única que tenía la respuesta a casi todas esas preguntas, cuando se reencontró con su madre, le dijo: "mamá, yo solo quería que papá te trajera pronto las flores".


lunes, 24 de octubre de 2016

"Los ojos amarillos de los cocodrilos"

 
 
Año: 2014    Duración: 122 min.    País: Francia

Esta película de tan raro nombre está basada en el best-seller homónimo de Katherine Pancol y llegó al cine de la mano de la belga Cécile Telerma, siendo la primera parte de una trilogía.
Su segunda parte, "El lento vals de las tortugas", se ha publicado recientemente en España y la tercera parte, lleva de nombre "Las ardillas de Central Park están tristes los lunes".

¿El porqué del título de la primera? (de los otros ni me lo planteo, vamos). He averiguado que en la contraportada del libro, al menos, se nos dice que "Los ojos amarillos de los cocodrilos" es porque son “como la vida misma”. Pero yo... qué queréis que os diga, no lo acabo de ver claro (será que mis ojos son muy oscuros).
La película versa sobre la rivalidad de dos hermanas, una es apocada e inteligente (Joséphine) y la otra guapa pero sin talento (Iris). 

Un buen día, Iris, que no tiene mucho de qué presumir en la vida y tiene por ello un enorme vacío interno, en una cena con gente importante se cuelga la medalla de que está escribiendo un libro ofreciendo como suyos los datos que reiteradamente había oído comentar a su brillante hermana en casa, todo ello ante la atónita mirada de su marido.

Aquí empieza el embrollo, porque propone a su hermana que le escriba un libro que firmará ella a cambio de un dinero que le hace falta, pues tras echar de casa a su marido (que, además de estar en el paro, le engaña con una peluquera) tiene que mantener a sus dos hijas. 

Ese libro que escribe se convertirá en la novela más vendida en Francia y será así como Iris llegará a hacerse famosa y acaparará toda la atención de los medios de comunicación, mientras Joséphine permanecerá en el anonimato hasta que...mejor dicho, hasta aquí...puedo escribir.

La historia ahonda, más que en la interesante trama del libro, en los desencuentros personales y los entramados familiares de los personajes (de los que paso a daros una pincelada), resultando ser un drama ligero que no requiere gran esfuerzo como espectador ya que los cánones o clichés empleados no son nuevos: celos, ganas de notoriedad, amor e infidelidades, amistad, traición e infortunio.
ACTORES Y PERSONAJES

Julie Depardieu
Personaje : Joséphine Cortes, que es la protagonista.
Joséphine
Es la retraída y exageradamente pánfila Doctora en Historia que accede a escribir el libro para su hermana. En un momento dado, en una escena impactante, es capaz de encontrar el punto de inicio del "desencuentro" con ella cuando ambas eran unas niñas.

Emmanuelle Béart
Personaje : Iris Dupin 
Iris
Es falsa, y hasta su marido la acusa de estar "disimulando" todo el tiempo.
A pesar de todo, quiere a su hermana por quien se preocupa. Como madre es pésima ya que tiene un hijo al que no presta atención y del q
ue no le interesa absolutamente nada. 
Salvo su nombre, de ella no me gustó nada, ni siquiera su físico.

Samuel Le B
ihan
Personaje: Antoine.
Antoine
Marido de Joséphine (sí, el que le es infiel con la peluquera y que, cuando ella se entera le echa de casa). Marcha a África a invertir el dinero (que pide en préstamo falsificando su firma) en una granja de cocodrilos propiedad de un chino. 
(De ahí, podría decirse, que viene parte del título de la película. Pero lo de los ojos...lo sigo sin ver claro).


Patrick Bruel

Personaje: Philippe Dupin 
Philippe
Marido de Iris. Es un importante abogado y, para mí, el más creíble (ya le había visto interpretar en la película "El nombre", de la que, si queréis, podéis ver aquí el post).

Alice Isaaz
Personaje : Hortense
Hortense
Hija mayor de Josephine y Antoine. Da continuamente muestras de rechazo a su madre, pero de tal envergadura que no puedes más que aborrecerla en muchas ocasiones.
En especial la acusa de no saber hacerse respetar. Hace con ella lo que cree que ella permite con el resto de personas, y es que la traten mal. 
Aunque no le falta razón en este pensamiento (no en que verdaderamente lo merezca), no cesa de despreciarla calificándola de amargada; sin embardo, llegado un punto, su actitud cambiará. 

Quim Gutiérrez
Luca
Personaje : Luca Giampaoli  
Es un lector de biblioteca que se llega a liar con Joséphine, que es asidua a la misma.
Aunque Quim (dicho sea esto de pasada), es considerado uno de los hombres más sexys del cine, siento decir que en esta película es el personaje más 'prescindible' de todos.
Marcel

Jacques Weber
Personaje: Marcel 
Es el padrastro de las dos hermanas, Jo e Iris. Tiene una amante, su secretaria, que le da todo lo que su mujer Henriette, a quien él considera una bruja, no le ha querido dar (incluso un hijo).
A mí particularmente me resultó muy afable y sincero, siendo el personaje que más me gustó.

Se dice de la historia que "habla de hombres. Y de mujeres: las mujeres que somos, las que querríamos ser, las que nunca seremos y aquellas que quizás seamos algún día", pero yo prefiero quedarme con esta frase que, además, no distingue géneros:  

"Se es siempre torpe con la gente que amamos. Los aplastamos, los sobrecargamos con nuestro amor. 
No sabemos hacerlo bien".

Y, aunque el final resulta un poco de cuento de hadas, os la recomiendo para pasar una buena tarde (como la mía de ayer domingo, viéndola gracias a la recomendación de un amigo).

Si derramáis alguna lágrima (que no lo creo, ¡no es para tanto!), por favor, que sea de cocodrilo.

miércoles, 19 de octubre de 2016

"Cazafantasmas"


Título original: "Ghostbusters"
Año: 2016
Duración:117 min.

Protagonizada por Abby (Melissa McCarthy), Erin (Kristen Wiig), Holtzmann (Kate McKinnon) y Patty (Leslie Jones),  cuatro de las mujeres más divertidas de Hollywood en la actualidad, y siendo la película original una de las más veneradas de los 80, en ésta se actualiza el discurso de aquélla acercándola a la realidad, a las nuevas tecnologías y a los tiempos modernos.

Es por ello que se ha dicho de ella que es un acto de rebeldía de esas cuatro mujeres en tanto que hacen el trabajo que antes sólo era realizado por hombres. 
Es más, hay un toque feminista, sobre todo un guiño a la inversión del estereotipo "secretaria mujer rubia y tonta", si bien aflora todavía el tópico de que la mujer blanca sea la inteligente y que la mujer negra sea la que tenga pocas luces, siendo el "malo" de la película un tipo raro que encuentra en el mundo paranormal la forma de vengarse de una sociedad que lo aparta por ser diferente.

En general, la película parece más de lo que es. En los primeros minutos yo no le encontraba la gracia y pensé  que era un bodrio, pero poco a poco, viendo la cantidad de escenas cargadas de acción y de humor desenfadado, me fui divirtiendo.

Es sensacional la interpretación de Chris Hemsworth (Kevin), el secretario (rubio y tonto) que no acierta ni una pero que, verdaderamente, te deja con ganas de más.

Os dejo con unos pocos minutos de la película, donde podréis comprobarlo:


Y con una foto de mi acompañante favorita en mis, ya pasadas, tardes de cine de verano:




miércoles, 12 de octubre de 2016

Bastaron tres palabras

-"¿Cargadito como siempre?", preguntaba Elena mientras le preparaba un colacao a Adrián antes de coger fuerzas.

Se habían citado a las diez en lo que, en su día, fue su domicilio conyugal. Tocaba ser prácticos y repartirse los enseres ya que, tras dos años de separación y habiendo liquidado sus cuentas, regalado sus miserias y vendido su lástima, no tenía sentido que permanecieran aún allí

Pero como Elena nunca comprendió la verdadera causa de la ruptura, mientras miraba a Adrián (que yacía inerte sobre el blanco suelo de la cocina), vaciaba el bote en el que había echado arsénico, pensando que, al menos, no tendría que oír nunca más lo de que entre ellos "nunca hubo química".

lunes, 3 de octubre de 2016

I ❤ London

Amig@s, he estado cuatro días en Londres, de jueves a domingo, y os puedo asegurar que han dado para mucho. 
The Big Ben

De todo lo que he visto me quedo con la sensación de salir de la boca del metro (London tube) y toparme con el Big Ben de noche. Esta imagen no se me borra de la cabeza.

El hotel elegido resultó ser fabuloso. Pero estaba tan tan informatizado y digitalizado todo que hasta había que hacer el check in en una máquina. 
Igual es que yo soy de pueblo y no viajo too much pero era la primera vez que veía esto, al igual que el hecho de tener que pasar por una ranura la tarjeta de la habitación para entrar en el ascensor que me condujera hasta ella.
London Eye
Cápsula del London Eye
Superados estos pormenores, ver la ciudad desde las alturas del London Eye, aún siendo un día lluvioso, resultó ser una maravilla. Para quien no lo sepa es una noria que se construyó en el año 2000 para celebrar el nuevo milenio y que hoy se ha convertido en todo un símbolo de Londres.
Vista del Big Ben y rio Támesis desde London Eye
Abadia de Westminster




Visité la Abadía de Westminster, que es la sede para las coronaciones reales y el templo más famoso y antiguo de Londres. 


Aunque allí se casara la malograda Lady Di, me quedé con la imagen y simbología que encierra el Rincón de los poetas, que  alberga las tumbas y mausoleos de grandes genios de la literatura como Charles Dickens, William Shakespeare o Rudyard Kipling. No se podían hacer fotos, pero disimuladamente tomé una a la piedra en el suelo dedicada a ellos. 
Entrada a Las Joyas de la Corona

En Las Torres de Londres pude ver las Joyas de la Corona sitas en una sala donde rezaba la frase "God save the Queen" (="Dios salve a la reina"). Me llamó tanto la atención su puerta de acceso por su inconmensurable grosor que pensé que más bien se trataba de salvar las joyas.
Cambio de la Guardia Real

En el Palacio de Buckingham presencié el famoso relevo de los guardias de seguridad de este palacio real. Me tuvo expectante durante la espera, más por la parafernalia que lo rodea, que por el hecho en sí. Antes de llegar pasamos por St Georges Park, donde tomé la foto a esta ardilla: 

Librería en Notting Hill
También visité Camden Town, un barrio del norte de Londres en el que reina la multiculturalidad y su people tan variopinta, así como el atractivo barrio Notting Hill, en el que se encuentra la famosa librería donde se rodó en 1998 la película (que lleva el mismo nombre), protagonizada por Julia Roberts y que regentaba (en la ficción) un vendedor de libros de viajes. También vimos el típico mercadillo que recorre  Portobello Road.
 Oxford Streeet

Ambos barrios contrastan con el glamour y lujo que se respira en Oxford Street y en el barrio de Knightsbridge, en pleno centro de la ciudad, donde se encuentran los archiconocidos almacenes Harrods. En sus baños aluciné al ver en el tocador de mujeres perfumes de Cristhian Dior y otras marcas, así como crema de manos, para uso general. Repito, igual es que yo soy 'de pueblo'.

Estudios de Harry Potter
Mientras hubo quien fue a ver los estudios de Harry Potter,

Marble Arch
Chinatown
visité Hyde Park y Marble Arch
Y una tarde también dimos una vuelta por Chinatown.

Dicho esto, diré que de los ingleses alabo su rigurosidad y puntualidad pero, sin ánimo de herir sensibilidades, diré algo obvio y es que sus puntos fuertes no son ni su simpatía ni su buen humor. Está mal comparar, pero los irlandeses difieren en eso y mucho. 
Escaparate de Oxford Street
Además, ya en un plano personal, contaré que en los almacenes antes nombrados, como soy una fanática de los perfumes (y también de los escaparates en general), pedí con mucha educación fotografiar un stand en el que las botellas eran de colores y de una exclusividad absoluta, un stand que me embobó. Y la respuesta fue un no que, chic@s, dicho en inglés, casi me tumba. Si es que no tenía que haber pedido permiso...
Stand de Harrods
Y añadiré que una noche en la que no había mucho apetito y decidimos compartir unas pizzas, después de sentados en un restaurante y habiendo avisado a la persona que nos tomó nota de que íbamos a 'share' (=compartir), apareció un 'mandamás' diciéndonos que para eso había que ir a la barra. 
Nos sentó tan mal que hicimos el ademán de marcharnos del lugar, pero nos hicieron quedar y he de confesar que a regañadientes de alguno.

Al volver, ya en el aeropuerto, es inexplicable lo que pasó. Que nuestra gate estuviera closed no lo olvidaré en la vida, no era posible, ¡si aún faltaba media hora!.
Aquello fue una maratón en la que pude poner a prueba mi buena excelente forma física, ya que con maleta a cuestas (de cabina), bolsas, chaqueta y DNI en mano, llegamos a punto de casi cerrarse la puerta de embarque. No exagero ni un ápice. En el avión estaba todo el mundo ya sentado en su sitio y, cómo no, fuimos objeto de todas las miradas.

Hoy
siento nostalgia de lo fantásticamente bien que me lo he pasado, pero también alegría por volver a mis queridos clima y dieta mediterráneos.